domingo, 19 de julio de 2009

¡Es cultura general, cabrones!

Mira que a la vuelta de vacaciones no quiero ponerme ya avinagrado, pero no puedo evitar indignarme con esa cosa en forma de anuncio que me encuentro de vez en cuando zapeando. Supongo que es algo natural ver cómo conforme avanza la edad dejas de ser el target principal de las cosas que suceden a tu alrededor, y de repente llega un día en el que un mocoso te suelta una frase de la que no entiendes ni la mitad, y te dice que no estás en la onda o como coño quieran llamarlo ahora. A ti, que hace nada lo pasabas dabuten con la basca. E inevitablemente te sientes un carroza pensando qué porquería de dibujos ven hoy los críos, o cuánto mejor nos educaron nuestros padres, o escandalizándote porque alguien que no levanta dos palmos del suelo sepa casi más de sexo que tú.
Hay un momento amargo y extremadamente lúcido en los Simpson en el que Lisa y el abuelo están en la cocina quejándose una de que es una niña y nadie le hace caso, y el otro de que es un anciano y nadie le hace caso tampoco. Homer, escuchándolos, se autoproclama varón de raza blanca de entre 20 y 45 años... todo el mundo me hace caso por estúpidas que puedan ser mis ideas, a la vez que abre el armario y saca una lata que reza: Chicle y nueces, ¡por fin juntos!.
Todo esto viene a colación por la vil, burda y enervante campaña de ciertos zumos con antioxidantes (¡antioxidantes a mí!) que utiliza referencias al pasado para hacer que te sientas mal y te duela todo. Sin ánimo de darles publicidad, aquí tenéis unos ejemplos:




















Pues bien señores del zumo, si quieren que me sienta más gordo, más calvo y más cabreado, lo han conseguido. Así que amablemente y con toda la bilis que puede segregar mi aún jovial organismo, os dedico la siguiente historieta del Maki. ¿Que quién es el Maki?. Si no lo conocéis, imberbes capullos recién salidos de la facultad que habéis parido estos anuncios, es que aún os queda algún hervor que otro. Cagontó!




lunes, 8 de junio de 2009

Un domingo cualquiera

Hoy no he votado en las elecciones europeas. Discutía el otro día con un amigo el tema de votar o no votar y yo, que hace unos años era ferviente defensor del posicionamiento y la defensa de los ideales, me he dado cuenta de que me he ido convirtiendo en un escéptico. Peor aún, he caído en un estado entre el nihilismo y el hastío por los juegos sociales que me rodean, como ese de meter un papelito por una ranura.
Hoy no he levantado mi por otra parte aún respingón trasero del sofá para acudir al teatro de la democracia 2.0, ni he pasado la tarde emocionado esperando los datos de participación ni los primeros sondeos a pie de urna como hacía antes del aciago día en el que levanté la vista al cielo en busca de esperanza y vi por primera vez los hilos a las marionetas. De qué nos sirve votar a rojos o azules si los que mandan siempre y de verdad son los azules del BBVA y los rojos del Santander. Porque cuando los políticos ocupan sus cargos (y aquí no hay vencedores ni vencidos, porque todos los candidatos que hemos visto en la tele cobrarán sus sueldos de eurodiputados y tendrán coches tintados y toda esa porquería) se olvidan de las dos semanas anteriores en las que nos han hecho la pelota, las dos únicas semanas que realmente dedican a explicarnos su labor, sus propuestas (y ni eso) o sencillamente a acercarse a los votantes. A partir de mañana se acabó el besar a niños, y comienzan las felaciones a los auténticos amos del cotarro.
Porque vaya clase política, señores. Aquí, Zapatero y Rajoy, que si los viera Darwin reescribía la Teoría de la Evolución y estrellaba el Beagle contra el iceberg más próximo. En Italia esa especie de Jaimito mezclado con la Telecinco de las Mama Chicho que logra mayoría absoluta tras mayoría absoluta, en Reino Unido escandalizados al descubrir los gastos fraudulentos de sus eurodiputados, y en USA (y abusa), Obama, que mucho hablar y luego incumple una de sus principales promesas y mantiene los tribunales de Guantánamo, recordándonos que al fin y al cabo tiene tanto poder como le dejan tener.
Qué democracia va a haber si el tropocientos por ciento de la población (dato fiable estadístico donde los haya) está atado por contrato a una entidad a la que le paga el diezmo (¿he dicho el diezmo? ejem...) mensualmente durante el resto de su vida a riesgo de que le quiten el derecho constitucional a una vivienda digna (a un precio digno, se les olvidó poner para los listillos). Esto, señores, no es democracia. Es 1984 a un nivel más tétrico y sutil que el de la novela.
Así, escandalizado, mi amigo con el que discutía sobre la abstención me instó a proponer una alternativa a nuestro podrido sistema, y ahí me ganó a los puntos, más que nada porque me quedé callado sin saber qué responderle. Sinceramente, pensé en Tyler Durden y el mundo que imaginaba cuando la anarquía hubiese llevado al hombre de vuelta a una vida más sencilla, pero más honrada...

"En el mundo que imagino, se cazarán alces junto a escaparates de unos grandes almacenes en cuyos pasillos malolientes se pudren en las perchas vestidos y fracs. Llevarás vestiduras de cuero que te durarán toda la vida y escalaras la Sears Tower por enredaderas tan gruesas como tu muñeca. Escalarás la bóveda de un bosque uliginoso donde la atmosfera estara tan limpia que verás figuras diminutas majando maíz y poniendo a secar tiras de carne de venado bajo el sol de agosto en el área de descanso de una autopista abandonada.”

...Y recordé mi viejo sueño de retirarme al campo, a cultivar la tierra y cultivar mi espíritu, a aprender a ser humano de nuevo y distanciarme de la desidia que me carcome y la frialdad de nuestro mundo que me hace echar de menos la pasión incendiaria de otros tiempos.
A olvidar que ya sólo me hacen llorar las películas y no el telediario.

martes, 19 de mayo de 2009

Buenas Noches, Saigón

Esta entrada me ha pillado por sorpresa, porque tenía en mente hablar de otras cosas. Pero inevitablemente hoy me tengo que rendir ante el que quizás es el poder más grande que nos ha sido otorgado a los seres humanos, lo que realmente nos hace marcar la diferencia. Y no, no me refiero al amor, ni al Renacimiento, ni a Eurovisión... sino a aquello que defendía y enardecía Aristóteles en su Poética (aquel que con tanto ahínco terminó descubriendo Sean Conner... digo... Guillermo de Baskerville): el Humor.
Y es que cuando uno lleva un día de esos torcidos y de repente algo provoca una mágica sinapsis en un lugar recóndito del cerebro y estalla no en una carcajada sino en un festival de sonrisas, a eso lo llamo yo un pequeño milagro. Eso es lo que me ha causado el vídeo que os traigo hoy, la despedida de ayer de la 34 (¡sí, 34!) temporada de Saturday Night Live (por supuestísimo me refiero al programa original, no la porquería nacional esa que ni siquiera se emite en sábado -hay que ser energúmenos-). Aquí es donde normalmente haría una soflama sobre cómo estos tipos nos llevan décadas de ventaja en todo, desde cómo hacer un guión, un stand-up comedy o un sencillo sketch, pero no quiero que mi vinagre me amargue el buen humor.
Pues bien, en la despedida nos encontramos una típica reunión de yuppies en torno a unas cervezas, discutiendo qué harán en las vacaciones. Entre ellos, caras reconocidas como Bill Hader (habitual de Judd Apatow) o el inconmensurable Will Ferrell, que en nuestro país es o bien desconocido o bien detestado de manera totalmente injusta. El resto, un comentario sobre Vietnam, unas maracas que aparecen de la nada, y una antológica versión del "Goodnight, Saigon" de Billy Joel, acompañado de gente parecida a la que traen de invitados al Saturday Night de aquí (introducir carraspeo irónico): Tom Hanks al saxofón, Anne Hathaway a la guitarra eléctrica (nótese que un guitarrista de la banda lleva una guitarra del "Guitar Hero") o Paul Rudd (alias Mierda Embolsada) al violín. Supongo que hace más gracia si conoces la canción original así que os dejo algunos enlaces para que podáis disfrutar mejor el vídeo:
"Goodnight Saigon" de Billy Joel en Youtube
Letra de la canción (en inglés)



Lo que hay que hacer para irse sin pagar...

jueves, 14 de mayo de 2009

El País Enfermo

Supongo que no queda nadie que no haya visto (bueno, oído) los pitidos de ayer en Mestalla durante la final de la Copa del Rey cuando sonaba el himno español. Siempre con la misma cantinela, unos pitando, y otros sorprendiéndose de que piten. Siempre hay pardillos que se siguen rasgando las vestiduras al ver que Españña (imprescindible la segunda "ñ") se rompe, cuando ni en la época en que éramos el Imperio En El Que Nunca Se Ponía El Sol estábamos de acuerdo. Y es que ni con el mejor equipo de relaciones públicas podría mejorar la desastrosa imagen que tienen nuestros símbolos. He de reconocer que siempre me he sentido una especie de apátrida, y nunca he comprendido la pasión que suscita "ser" de un sitio u otro por el mero hecho de haber nacido en ese lugar (por elegir hubiese preferido nacer en el Hollywood de la Edad Dorada, aunque fuese poniendo cafés); pero también reconozco que, secretamente, soy de esos que sienten malsana envidia cuando ven a los yanquis en pie emocionados con la mano en el pecho. Aunque la pasión y las emociones cuando hablamos de patriotismo o deporte son difícilmente explicables o comprensibles, ¿quién no ha deseado abrazar ese sentimiento de pertenencia a algo, sea un país o una camiseta o un Dios?. Vaya, ya me estoy yendo por las ramas...
El meollo de la cuestión es que yo (como muchos otros) no siento ninguna emoción positiva cuando escucho el himno español o veo la bandera. Es más, como a muchos otros, tanto un símbolo como el otro me traen, como salidas de una visceral conciencia colectiva, connotaciones antiguas, incluso aterradoras. Y es que cuando los americanos escuchan el "Barras y Estrellas" quizás ven a los Padres Fundadores sobreponerse a una atroz guerra civil redactando una Constitución que unió a todo un país y nombró a todos los hombres iguales y libres; quizás al son de la Marsellesa los franceses recuerdan cómo en el corazón de su tierra ardió una Revolución que acabó con la vieja Europa de Reyes hijoputas a golpe de Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. Pero, ¿en qué pienso yo cuando me planto ante la bandera de mi propio país?. Si fuera Pérez Reverte pensaría en el Siglo de Oro o en la Armada Invencible (ejem...); pero por más que lo intento, no puedo más que acordarme de los fascistas que nos han hecho esto. No culpo a los símbolos, sino a los cabrones que se apropiaron de ellos. Porque desgraciadamente somos un país enfermo. Enfermo porque durante 40 años (¡40 años!) permitimos que un enano dictador hiciera que España se quedase atrás en los momentos más importantes del siglo XX, permitimos que sus botas militares se posaran en nuestros cuellos. Y lo peor de todo fue que no hicimos nada, no hubo Revolución, no hubo un país que se alzase contra el dictador como uno solo para echarle de nuestra Historia. Peor aún, la dictadura se llevó a cabo con el apoyo de gran parte de la población (no sé si por cobardía o por ignorancia). Mientras el mundo se abría al futuro, mientras el hombre pisaba la luna, nosotros veíamos el NO-DO. Y tuvo que morirse el enano, lo repito, ¡tuvo que morirse! para que terminase la dictadura y comenzase una "transición" (vergonzoso término) en el que el heredero del enano fue coronado (sí, sí, como los Reyes aquellos que derrocaron los franceses) y aún hoy se le considera un héroe por impedir (impedir no el pueblo, sino un "Rey") un golpe de Estado que hubiese desembocado en otra dictadura. Y tampoco hubiéramos hecho nada con ella, tan sólo esperar de nuevo a que se muriese el militar de turno. En cualquier otro país orgulloso de su Historia hubiesen quemado el Parlamento antes de verlo ocupado por dictadores, pero aquí... aquí sencillamente miramos para otro lado, como lo hacemos con los pitidos. La verdad es que no nos hemos ganado la Democracia que tenemos, por eso la despreciamos en todas las elecciones con la escasa participación, por eso nuestra clase política es tan abrumadoramente incompetente, aburrida e infantil. Por eso no sé lo que significa el "orgullo" de ser español.
Aunque tampoco hay que ser tan drástico. Ser español, reconozcámoslo, es cuando menos especial, como ser del Atletico de Madrid. Confieso que no me gusta el fútbol, pero cuando me gusta soy del Atlético, sufridor, irracional... porque, ¿por qué ser colchonero pudiendo celebrar títulos año sí y año también siendo azulgrana o merengue?. Ahh, parece que ya noto ese fervor que no sé explicar de dónde viene, comienza en la boca del estómago y sube como una bandada de pájaros hasta estallar en mi corazón.
Apátrida, sí. Pero del Atleti.

martes, 5 de mayo de 2009

El síndrome Joaquim Phoenix (dejen de aburrir a Hugh Laurie)

Convertirse en ermitaño no es una tarea fácil en absoluto. Conlleva ir separándose paulatinamente de la sociedad, cortando ataduras y convenciones que antes dábamos por hechas. Pero también es como lanzarse al vacío sin red, a sabiendas de que a partir de ese momento todos te mirarán como a un loco, un perturbado, un demente... Cuántos no me han mirado a mí mismo de ese modo al compartir con ellos cosas tan sencillas como que, a mis 28 años, no tengo intención alguna de solicitar una hipoteca (el moderno contrato de esclavo), me troncho ante la idea de casarme por la iglesia y no se me pasa por la cabeza el procrear (donde esté un buen perro...). O que no, no pienso comenzar a reciclar para sentirme mejor conmigo mismo y ser moderno.
Siempre se ha dicho que en los manicomios hay más cordura que en ningún otro sitio, y que el mundo fuera de sus muros no es más que una institución mental en potencia. Todos caminamos sobre el finísimo hilo del desequilibrio y la locura, por eso precisamente admiro a quien no ha nacido para funambulista y se deja caer al vacío inevitable. Y el último en hacerlo, y de qué manera, ha sido Joaquim Phoenix (si no lo conocéis, y dicho vulgarmente, el malo de Gladiator o el hermano de Mel Gibson en "Señales"). Este actor, del que poco se sabe de su vida personal más allá de ser el hermano del malogrado River Phoenix (su prematura muerte a la salida de una discoteca conmocionó a Hollywood), fue invitado al programa de David Letterman y ocurrió... bueno, lo podéis ver por vosotros mismos. Joaquim se presentó con un aspecto un tanto curioso, poco hablador y desconcertado. Atentos a la entrevista porque no tiene desperdicio:



"¿De qué se ríe la gente?", acierta a decir en un momento el pobre Joaquim. Y es que el presentarte en un late show negándote a seguirle el juego al gracioso de turno y sus estúpidas preguntas no podía desembocar más que en la hilaridad de la audiencia y del propio presentador. Cosa que aprovechó Ben Stiller en los Oscar para sacarle tajada al asunto, la diferencia es que Stiller tiene gracia y Letterman, desgraciadamente, no:



Algo parecido le va a acabar pasando al pobre Hugh Laurie, condenado por toda la eternidad a repetir una y otra vez la misma entrevista cuando acude a un programa. Básicamente sólo le preguntan por tres cosas: si es verdad que es inglés, no americano; si va a traer a su familia a vivir a Estados Unidos, y si es verdad que su padre era médico. No hay más que ver la cara de Laurie cuando una y otra vez es bombardeado con las mismas memeces cuando todo el mundo espera que haga de House y responda con sarcasmo:



Podrían preguntarle, por ejemplo, por la época en la que tenía uno de los mejores programas de humor de la televisión, A Bit of Fry and Laurie, en el que junto con Stephen Fry realizó gags antológicos y siguen siendo, junto con los Monthy Python, mis humoristas favoritos de televisión. Como muestra, un botón (bueno, varios):

El mítico Mr.Nipple


Y mi favorito, la canción "Mistery" de Hugh Laurie:


Llegados a este punto, seguramente os preguntaréis a qué ha venido la absurda introducción del ermitaño y todo eso si luego era una excusa para poner vídeos graciosos de Youtube. Yo también me lo pregunto.

martes, 28 de abril de 2009

This I Love

Sí, Axl Rose suele comportarse como un gilipollas, pero qué buenos gilipollas dieron los 80. Luego vinieron los 90 y, como discutían Mickey Rourke y Marisa Tomei, todo se fue al garete (Yeah, nineties suck!). Y aunque Axl se acabó convirtiendo en una caricatura de sí mismo, aún le salen baladas como este "This I Love" que, seré un hortera, me siguen poniendo los pelos de punta. Y me recuerda los tiempos en los que hacíamos cassetes recopilatorios (que costaban sudor y sangre de hacer) con Bon Jovi, Aerosmith y compañía para esa chica que tanto nos gustaba y no sabíamos cómo decírselo. Así que ale, subid el volumen a los altavoces, sacad los pañuelos, pensad en ese alguien especial que no está y que si tuvieseis una varita mágica lo traeríais a vuestro lado, y encended un mechero.




And now I don't know why
She wouldn't say goodbye
But then it seems that I
Had seen it in her eyes.

And it might not be wise
I'd still have to try
With all the love I have inside
I can't deny

I just can't let it die
Cause her heart's just like mine
And she holds her pain inside

So if you ask me why
She wouldn't say goodbye
I know somewhere inside

There is a special light
Still shining bright
And even on the darkest night
She can't deny

So if she's somewhere near me
I hope to God she hears me
There's no one else
Could ever make me feel
I'm so alive
I hoped she'd never leave me
Please God you must believe me
I've searched the universe
And found myself
Within' her eyes

No matter how I try
They say it's all a lie
So what's the use of my
Confessions to a crime
Of passions that won't die
In my heart

So if she's somewhere near me
I hope to God she hears me
There's no one else
Could ever make me feel
I'm so alive
I hoped she'd never leave me
Please God you must believe me
I've searched the universe
And found myself
Within' her eyes

So if she's somewhere near me
I hope to God she hears me
There's no one else
Could ever make me feel
I'm so alive

I hoped she'd never leave me
Please God you must believe me
I've searched the universe
And found myself
Within' her eyes

And now I don't know why
She wouldn't say goodbye
It just might be that I
Had seen it in her eyes
And now it seems that I
Gave up my ghost of pride
I'll never say goodbye

sábado, 25 de abril de 2009

Time Is On My Side (Yes It Is)

Hoy, 25 de Abril de 2009, no me sale de los huevos que el tiempo siga pasando, así, descarado, considerándose a sí mismo un gran invento. Y no creáis que me ha dado el típico ataque de pánico habitual con las primeras canas, o al acercarse inexorable el treinta cumpleaños (eso sí, cuando llegue el momento culparé a Dios como Joey... ¡teníamos un trato, ¿recuerdas?!).



No, no es eso. Lo que me fastidia es este continuo ir y venir de nimiedades con las que nos rodeamos, a las que tanto prestamos atención y las que nos acaban jodiendo el día. Es este ciclo absurdo en el que vivimos, de lunes a domingo y otra vez el lunes, que me provoca una claustrofobia casi insoportable. Que si la Semana Santa, que si los Moros y Cristianos, que si el Día de la Madre, la Operación Salida, el Puente de Mayo, la Lotería de Navidad, que si ya llega el Verano y quitan los chiringuitos (qué hecatombe), que si el Día de la Marmota, el Día del Amor (por su culpa Homer se convirtió en Garbage Man), la Feria de Mayo, la puta Vuelta al Cole... y así, otro año más que se pasa y vuelta a empezar con la misma mierda. Con esta vida extraña que nos hemos montado, cada día parece un mal sucedáneo del anterior, cada domingo por la tarde es extrañamente triste y cada miércoles es desoladoramente anodino.
Así que yo, damas y caballeros, me planto. Porque cuando uno se va haciendo mayor se da cuenta de que, aunque se llamen igual, este Sábado 25 de Abril de 2009, o Año del Buey para los chinos, o 1430 para los árabes, o la antesala del Apocalipsis para los mayas, jamás volverá a repetirse, ninguna generación posterior que ni siquiera nos recuerde lo vivirá de nuevo, a pesar de que nuestra civilización mantenga esa soberbia ilusión de inmortalidad. Así, para disfrutar más del día sólo tengo que recordar que tarde o temprano, en el único Fin del Mundo que se sabe a ciencia cierta, el Sol se apagará y destruirá los planetas que tenga alrededor, aunque para entonces seguramente la especie humana sea sólo un vago recuerdo en forma de fósiles enterrados en la tierra. O puede que esa extraña cepa de la gripe porcina que asola México se convierta finalmente en pandemia (qué putada morir por una enfermedad de nombre tan feo, sin el glamour de un ébola o un marbung).
Por eso me planto, para hacer que el tiempo esté de mi parte, que tocaban los Rolling. Para que no se convierta en esa permanente cuenta atrás, a entrar al trabajo, a que llegue el fin de semana, la hora de dormir o la de quedar contigo. Porque como todas las canciones que parece que tratan cosas importantes, la de los Stones es, sencillamente, otra historia más de amor. Porque tú 'll come runing back (said you would baby), You'll come running back (I said so many times before), You'll come running back to me... Go ahead, go ahead and light up the town And baby, do everything your heart desires Remember, I'll always be around And I know, I know Like I told you so many times before You're gonna come back, baby 'Cause I know You're gonna come back knocking Yeah, knocking right on my door Well, time is on my side, yes it is Time is on my side, yes it is 'Cause I got the real love The kind that you need You'll come running back (said you would, baby) You'll come running back (I always said you would) You'll come running back, to me Yes time, time, time is on my side, yes it is Time, time, time is on my side, yes it is Oh, time, time, time is on my side, yes it is I said, time, time, time is on my side, yes it is Oh, time, time, time is on my side Yeah, time, time, time is on my side